Ivan Pierotti, El autodidacta del concepto visual

La semana pasada, en el marco del primer Festival Ciudad Emergente hecho por y para Córdoba en la Plaza de la Música, Iván Pierotti, actual habitante de la querida Villa Nueva, presentó su muestra-resumen, que él en la intimidad prefiere llamar “La órbita de los sueños”, una muestra física de su acotada pero constantemente creciente trayectoria.

Sus fotografías se imponen a lo largo de uno de los extensos pasillos de la mítica ex Vieja Usina, habitado por un gentío errante que se planta frente a cada una de ellas con expresión de intriga y admiración.

Si bien todas las fotos de la serie corresponden en su mayoría a trabajos hechos bajo el perfil de Elefante Diamante –su actual proyecto audiovisual-, la muestra está claramente dividida en dos sectores creativos: por un lado, los trabajos oficiales (donde encontramos cósmicos retratos de bandas como IKV, De La Rivera, Hipnótica y Rayos Láser, entre otras) y, por el otro, una porción más libre: es donde se enmarcan aquellas fotografías espontáneas que –según en sus propias palabras– logran identificarlo de una manera independiente a la laboral.

Es el caso de una de ellas en particular, que también data de pequeños recuerdos personales: un inmenso parque repleto de árboles verde brillante durante lo que parece ser una plena primavera en la ciudad de Buenos Aires.

“Recuerdo los cuadros que colgaban en la casa de mis abuelos cuando yo era chico; era muy común esto de las imágenes de paisajes naturales sobre la madera, y en parte quise recrear eso. Es como una anécdota íntima que habla directamente de mí; de una manera más personal y menos estructurada. Muchas de las fotografías libres tienen que ver con eso: con lo que me gusta hacer a mí, con mis gustos estéticos dentro y fuera de Elefante Diamante”, revela Iván.

Y es que este joven –sentado con sonrisa de Peter Pan que prefiere (y se permite) continuar jugando a la hora de hacer arte– admite mucho más que los proyectos comerciales de la firma “Elefante…”. Y en parte, ésta selección logra eso: conectarnos con el verdadero autor de las obras; con sus pensamientos o sus anhelos, con sus recuerdos de la infancia. Una faceta, aún en exploración, que Iván nos acerca para romper también con los esquemas estéticos de su propia empresa, dentro de un seleccionado resumen de sus últimos trabajos.

Es de noche y el patio de la Plaza de la Música –repleto de skaters, artistas y un público ansioso- se ha tornado lo suficientemente frío como para enroscarnos en nuestros abrigos. El vaso de cerveza ya está vacío y, además, en unos minutos se presenta De La Rivera en el escenario principal, donde el entusiasmo de la gente parece estar ofreciéndonos una bienvenida. Iván dice que le cuesta encasillarse en una estructura, inclusive en “Elefante Diamante”.

“Hay otras cosas que también forman parte de mí. Hay que saber cuándo evolucionar, cambiar o mezclar estilos; innovar técnicas o plantear nuevas ideas. Todo lo que aprendo, lo aprendo en el momento en que lo necesito”, explica. Se ríe cuando agrega que incluso, a veces, se olvida de cómo ha logrado técnicamente ciertas cosas. Es que si algo califica a Iván es su especial modo de producción: siempre independiente. Sus proyectos nacen en él y a partir de él, pero entiende que el día de mañana sea necesario modificar ese modo en pos de ampliar su panorama y no estancarse en lo ya hecho.

“En el caso de Elefante Diamante, mis proyectos tienen cierta estética y pureza unificadas. Yo diseño, yo filmo y yo edito. Todo está, en cierta forma, impregnado de lo mismo. De alguna manera, aún no me he visto obligado a formar un equipo de trabajo contundente”, excepto por la colaboración de gente cercana, como en el caso de su usual mano derecha, Tavo Ballas, compañero creativo del arte y de la vida.

“Mi decisión de permanecer produciendo de manera independiente también va a mutar con el tiempo; es parte de un proceso, hay que seguir avanzando”, agrega el artista con sabiduría. Es un artista porque posee todas las características que cualquiera que aspire a ello debe tener: carisma, una vasta capacidad de invención y la creatividad necesaria para aprovechar al máximo los recursos disponibles. El talento puede ser innato, pero hay que construirlo y mantenerlo constantemente con nuevas experiencias y herramientas; trabajando primero por uno y por la necesidad propia de crear y llegar más lejos.

Es como “querer algo y direccionarse”, como reflexiona Iván, consciente del poder que la voluntad puede aportarle a un proyecto. Además, es exigente. No sólo en lo laboral, sino también en lo personal. “Siempre se puede hacer mejor”, podría ser su lema. Sin embargo, comprende que toda obra tiene determinado ciclo vital para su autor y que cada una forma parte del proceso de maduración artística al que se somete constantemente.

Confiesa que quiere experimentar con el stop motion, con las visuales, con las estéticas de sus videos en camino. Y es ahí donde se revela esa parte humana de cualquier artista, donde convergen las incertidumbres y la experimentación, sobre todo, de nuevas formas de expresión. Avanzar sin amoldarse; evolucionar sin traicionarse. Un autodidacta humilde, dinámico y simpático pero, sobre todo, cercano que ha logrado lo que muchos aún no han podido ni planear.

Nota y fotografía: Melina Storani

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