Nina, proyecto de emociones

Nina es una palabra que vibra por sí sola. Cuatro letras, cinco integrantes (Juan, Ludmilo, Ralo, Gerardo y Nicolás), un EP y casi dos discos –el último por mostrarse al mundo a la brevedad– conforman este universo paralelo musical made in Córdoba. “Ninaína es lo que segrega el cerebro cuando escuchás Nina”, bromea el bajista de la banda, Ludmilo, uno de los miembros fundadores.

¿Qué cómo se formó Nina? Nina no se formó, sino que fue un proyecto –en principio llamado Homeros- que los hermanos Juan y Ludmilo comenzaron hace ya algunos años. Si bien el estilo que perfilaban era más bien rockero y desarraigado, prontamente el grupo necesitó encontrar su propia identidad, su lugar en el mundo.

“Nina terminó siendo Nina. Empezó como un proyecto nuestro, junto a otros dos músicos, donde luego se unieron Ralo (baterías) y Nico (guitarras). Empezamos a encontrarnos, a conocernos y empezamos a mutar: de temáticas en las letras, de melodías, de imagen como banda…”, cuenta Juan. Y agrega que en esa búsqueda –de esas que todo músico se ve obligado a emprender en algún momento de su carrera– encontraron un nombre y un estilo. Y continúa Ludmilo: “A Nina lo encontramos. Encontramos lo que queríamos hacer en un momento determinado donde cinco personas que venían trabajando juntas coincidieron a nivel humano y artístico.”

Cualquiera que haya visitado su Bandcamp, ha tenido la oportunidad de toparse con dos trabajos bien diferenciados entre sí, pero no por ello poco interconectados. Se hace imprescindible preguntar, entonces, por estos detalles que separan tanto al disco “Nina” del EP “Casi Nada”, que a modos poco entrenados de receptores le suenan sumamente disímiles.

“El primer disco es parte del proceso de experimentación de lo que iba a ser Nina. Todos tenemos influencias musicales distintas, historias y rumbos diferentes. Por cierta comodidad –al oído sobre todo– decidimos empezar por esto,” explica Juan. Y continúa: “Tiene canciones muy variadas, algunas con casi cinco años de diferencia entre sí, que no es poca cosa porque habla de todo un transcurso de tiempo en el que fuimos transformando el estilo que nos gustaba perfilar para la banda. En ese sentido, es lógico que al oído se perciba como algo muy heterogéneo, no focalizado.”

Y es que “Nina” tiene temas de calibre y vibración diferentes. Fusiona estilos y efectos sonoros de acuerdo a la historia que cuenta una canción. Temas como Circo, Narciso, Lizzy y Plástico son individualidades que por su naturaleza destacan en el montón; tienen componentes particulares como la intro de Circo y el alargue de Plástico que las identifican como supernaturales. Una fusión de historias, narrativas y consuelos.

Después llegó “Casi Nada”, un EP tan auténtico como pegadizo que sirve de promesa ostentosa para el esperado disco nuevo. De manera transparente se deja entrever un estilo más personal, más de la talla de Nina; es homogéneo en sintonía pero vanguardista a la vez, con joyas como Orgasmo: Merlus Day, que es enteramente instrumental, profunda y dinámica, donde los sonidos mutan sobre la base del sintetizador que Juan desliza bajo sus dedos. Música de reunión, de parranda y de amistad.

“En Casi Nada todos los instrumentos mutaron su mecanismo de participación en cada tema; son sonidos más prolijos, más sofisticados. Hoy en día, son los bajos de Nina los que te ponen a bailar, cuando en el primer disco sólo hacían una suerte de acompañamiento,” hace notar Ludmilo.

Y Juan agrega: “Se detecta cierta madurez musical que nos hace sentir bien plantados. A nivel letras, en Casi Nada hay otras musas, fue otro momento de nuestras vidas que nos permitió llevar adelante el EP con otra naturalidad. Era muy nuestro, nos identificaba de principio a fin. Además, hubo una impronta más profesional en general porque comenzamos a trabajar con un equipo muy cálido y responsable, desde Manu (Civalero) en el sonido hasta Fede (Gómez) como productor de la banda. Cambió nuestra percepción; nuestra forma de ver las cosas.”

Además, Nina incorpora en su formación a Gerardo, un as de la trompeta, cuya participación trae recuerdos a cualquier hit suculento de blues o jazz. Hay un concepto pensado, moldeado y digerido, y “Casi Nada” es la fiel reproducción de ese ‘espíritu ninainístico’.

Nina es una banda un tanto mimada, no sólo por los productores locales sino también por un público que la sigue y la contiene donde vaya. Si bien la ciudad de Córdoba ha experimentado, sobre todo en los últimos cinco años, un incremento de espacios y gente interesada en los productos locales, aún le queda mucho camino por recorrer. Sin embargo, estos cinco muchachos han encontrado la forma de mantenerse activos y brillantes a medida que transcurren los años, adornando con sonidos y estandartes a una escena que no merece menos.

Nina es música suspicaz de arrabal; no es lenta ni perezosa y demanda un compromiso de lealtad y difusión para quien la escucha. Una agrupación exuberante, una fuerza creadora que no promete menos que perdurar en el tiempo. Al espectador no le resta más que esperar que lo nuevo –a estrenarse este mes– sacuda nuevamente las polillas de la música en ascenso.

Redacción: Melina Storani
Video: Pickle
Fotografía de portada: Matias Wonko

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