Fede de Firpo, el bassero autóctono

Vestido de rojo y verde, colores que nunca faltan en sus diseños gráficos, contrasta con los pasteles del vainilla y frutilla que elige como sabores para su helado. Con esas dos bochas camina orgulloso por las calles de su Firpo, “el mejor barrio de Córdoba”, como rindiendo un homenaje a la famosa seña que hace La Mona Jiménez del renombrado –en la década del 50’– barrio General Bustos.

Conocido como Firpo, Freshcore, Turco y todas sus variantes, él es Fede. Su personalidad es tan singular como su corte de pelo y su sonrisa. Y es que se fue forjando con la influencia del básquet y la admiración durante su niñez por los jugadores de la NBA, la tecnología, el diseño gráfico, Internet, la música de diferentes estilos que fueron pasando por su vida durante sus 29 años y un reciente viaje que realizó por Estados Unidos y Europa.

Desde hace 6 años viene poniéndole condimento a la noche cordobesa con la Bullybass, esa ya clásica fiesta que se hace una vez al mes donde los “bajos patoteros” son los protagonistas, pero que empezó “como una cosa tranca, con todo a pulmón”.

“La primer Bullybass era como un sueño cumplido para mí. Nadie se esperaba nada, cuando salió la idea era esa: escuchar música a todo volumen; no era ni hacer una fiesta todos los meses ni un movimiento, ni nada. Estuvo bueno, quedamos medio manija, después salió otra, y otra y otra. Y ya después con mis amigos nos empezamos a cebar que la necesitábamos una vez al mes,” recuerda Federico.

Y agrega: “En esa época nadie ponía esto, entonces cuando queríamos escuchar unos bass a toda manija decíamos ‘vamos la hagamos’, y así, de a poco, se fue armando lo que sería la pandilla. Sin querer sonar soberbio –aclara– con mis amigos hacemos la Bully para escuchar la música que nos gusta y que creemos que no suena en ningún otro lado, entonces es un poco para nosotros, obvio, siempre compartiendo con la gente que se copa.”

El diseñador Freshcore

Creció comprando revistas de básquet y viendo con admiración a los jugadores internacionales: cómo se vestían, el estilo que tenían, la música que escuchaban, la cultura del grafiti y el hip hop que profesaban. Eso lo llevó a jugar al básquet en Atenas –el club de su barrio– desde los 6 hasta los 16 años y después de manera intermitente hasta la actualidad.

Años después, entró a la universidad a estudiar diseño gráfico y ahí se dio cuenta que le gustaban mucho los programas y sobretodo cómo con la tecnología y la computadora se podían usar las mismas herramientas para distintas cosas, más expresivas y no sólo comerciales.

Hoy, se considera un diseñador gráfico. “No me considero ni ilustrador, ni artista, ni dibujante. Me considero un diseñador gráfico con un estilo de ilustración vectorial y no sé siquiera si gráfico, pero sí diseñador”, responde a la pregunta de cómo se definiría. Con sus técnicas –que muchos creen que son analógicas pero son todas digitales–, abusa de los recursos tecnológicos y le encanta hacer con la compu que algo parezca analógico.

Sus influencias varían entre el comic, el diseño deportivo y el básquet, el packaging de los juguetes de los 90’s, pornografía hollywoodense (se ríe cuando lo menciona), su entorno, algunos referentes dentro del diseño, pintores, el pop art, el surrealismo, el diseño gráfico ochentero y noventero, los diseños de los afiches de música.

“Si bien me gusta toda esa estética, no puedo hacer un diseño como si viviera en el Bronx o Harlem porque yo vivo acá en Córdoba; quizás usando los mismos elementos o la misma estética, los voy a adaptar a mi vida,” confiesa.

Con sus diseños para la Bullybass eso se vio reflejado: “Teníamos que encontrar la forma de representar el estilo de una música que era londinense con mucha influencia jamaiquina, medio pesada, oscura, muy chalera, de una forma más autóctona y local. Creo que lo que tiene la estética de Bully que la hizo así tan copada fue que usamos mucho el humor (que es algo muy característico de Córdoba) para representar estas ideas de música pesadita.”

“Ya desde el nombre ‘Bullybass’ era como una cosa de humor. Bully de patotero porque la música se basa mucho en los bajos, como unos graves medio bully como la bandita de la vuelta que está en el kiosco tomando birra y cuando pasa alguien lo patotean; lo mismo pero con música. Creo que eso fue un punto fuerte a nivel de identidad visual, usar el humor para representar este tipo de música fue como el toque local que nosotros le dimos.”

El militante de los beats raritos

Desde “muy pibe” le gustaba mucho la música. Cuando era niño escuchaba rock, punk, hardcore, reggae, hip hop. Según él, en su pre-adolescencia, odiaba la música electrónica. Pero entre los 15 y 17 años, cuando su papá trajo Internet a la casa, descubrió una parte de la música electrónica que no conocía.

“Así llegué al drum and bass, al acid jazz, al trip hop. De repente, empecé a escuchar bandas como Massive Attack, Portishead, que para mí eran casi lo mismo que Cypress Hill, era como si a las bases y la música de Cypress Hill le ponías una minita cantando. Entonces, el drum and bass me llevó a conocer más lo que era el house y el deep house que fueron lo primero que me gustó porque tenían una cosa muy negra de soul, de funk y de jazz; ahí descubrí una música electrónica de buen gusto, profunda, que sí me llegaba,” afirma.

A partir de los 16 empezó a ir a fiestas electrónicas que no conocía hasta ese momento: “Iba a fiestas de hip hop, pero no de electrónica copada. Cada vez me empezó a copar más, conocí gente, tenía amigos que eran djs, en esa época estaba muy de la mano del hip hop así que había una cultura de 2 mundos que estaban unidos por esa cosa de la fiesta, del dj.”

Así fue que en el 2004 nació la primera crew que tuvo, Dram, integrada por el Tío J-Kov, Rodier, y él. Después, la crew se disolvió, pero él siguió diseñando, escuchando música y “tratando de militar por los beats más raritos”.

Hasta que finales del 2006, conoció a personas que lo influenciaron mucho: Villa Diamante y Dj Nim, dos de los creadores de Zizek, “un colectivo que me abrió mucho la mente ya que empezaron a mezclar la música que les gustaba, el tecno, el hip hop, el dubstep, la cumbia, y crearon algo nuevo. Yo siempre tenía ese pensamiento de cuándo alguien iba a hacer algo así y cuando los conocí dije estos son los que van.”

Su admiración por ese nuevo género surgía debido a que al mismo tiempo que escuchaba hip hop, drum and bass, breakbeat, punk, hardcore, rock, reggae, dub, también escuchaba cuarteto del viejo y cumbia argentina (especialmente Damas Gratis), “yo flasheaba que la cumbia era el rap de acá.”

“Hay mucha gente que está en contra de la cumbia, del rap o de las líricas medias violentas o sexistas, sin embargo, –explica– yo lo veía y todavía lo veo divertido, como un medio más que un mensaje, hasta con eso mismo se pueden usar metáforas para decir cosas serias.”

Una noche, Nim y Villa Diamante vinieron a tocar en Casa Babylon y Federico ponía visuales, pegó onda con ellos y lo invitaron a Zizek en Buenos Aires. Allá estaba tocando Daleduro y él “no podía creer que había alguien que ponía dubstep acá en Argentina. Ahí nos presentamos y le dije que teníamos que hacer algo con esta música en Córdoba y me dijo ¿en serio?”

Bullybass

Federico se prende un cigarrillo y comienza a contar que en su pandilla hay gente de todos lados. “Un poco con la Bullybass rompimos el tabú ese de que están los porteños por un lado y el resto de argentinos por otro y que siempre hay una rivalidad. Nosotros dijimos si lo que importa es la música y la buena onda, no nos importa de dónde son.”

Responsable de la imagen y del diseño, con voz en la producción también, está respaldado por sus socios que se encargan de la producción de la fiesta, con Pepa D’alessandro y Milo Schnitman (Daleduro) que se encargan de la música. Y así, “de a poco, la Bully empezó a ser más conocida, la gente se empezó a copar, y nos empezaron a llamar de otros lugares como Buenos Aires y Mar del Plata para llevar lo que hacíamos.”

Tira el humo y reflexiona: “Lo más loco es que es de Córdoba, que es bass cordobés, que es un movimiento generado acá y de a poco, sin que nadie quisiera, se fue armando todo el quilombo que se armó. Hasta el día de hoy, a veces con alti bajos, a veces con mejor onda entre nosotros, pero siempre con la misma pasión y el mismo cariño que cada uno tiene a la Bullybass.”

También, es una fiesta que los ayudó a todos individualmente para poder mostrar su trabajo. “Ahora decimos qué bueno cuando uno no era nadie (todavía no seguimos siendo nadie) pero cuando éramos 4 fumones que estábamos comiendo helado en el sillón de la casa escuchando música, y de repente hoy uno toca en la Creamfields, el otro diseña para Estados Unidos, el otro saca música en un sello de Europa re groso.”

Cumplen un sueño cada vez que traen un artista internacional, la pandilla lo veía como algo muy lejano y ni siquiera se imaginaban que un músico que escuchaban en una radio de Londres iba compartir la cabina o estar comiendo un asado con ellos. Hoy, en 6 años, “ya vamos trayendo como 12 djs que admirábamos mucho, próceres, y eso nos dio más ganas de seguir,” reconoce orgulloso.

Inmediatamente suma: “Ver que un pibito que viene, por ejemplo el caso de Lowshok que tiene 19 años y hace música muy copada, y te dice ‘loco, gracias a la Bully conocí esta música y ahora hago música, tomá mi CD con mis temas’, me hace pensar que no quise generar esto pero me hace sentir orgulloso de haberle mostrado algo a alguien que a mí me gustaba y a él le gustó y ahora hace música. Y más en el caso de él que ahora puede poner su música en una fecha nuestra cuando viene una artista internacional como es Ikonika. Eso es lo que más me hace sentir bien.”

Además, es una fiesta que sentó un precedente y abrió la puerta para que se crearan en la Ciudad otras opciones en donde sonara dubstep y bass y así naciera una escena local con muchos adeptos a este estilo musical.

Latino

Regresó recientemente de un viaje en el que recorrió durante un mes Estados Unidos y conoció ciudades que lo fascinaban desde pequeño como San Francisco, Nueva York, Nueva Jersey, Atlanta y norte de California. Luego, cruzó el charco y estuvo viviendo 3 meses en Italia con su familia ítalo argentina, al norte del país cerca de Milano; viajó además por Barcelona, Valencia, Sevilla, Londres, Berlín, Amsterdam, París.

“Lo que me gustó mucho es que EE.UU. es como un continente, cada estado es un país. Por ahí tenemos un concepto erróneo de los gringos, pero es que eso depende de dónde vas. Por ejemplo, Nueva York y San Francisco son dos mundos diferentes, Atlanta ni hablar…”, cuenta.

“Tanto tiempo en el que nosotros estuvimos consumiendo sus programas, sus películas, escuchando su música y viendo ‘el sueño americano’ en toda Latinoamérica, muchos latinos se fueron en busca de eso que nos mostraron. Entonces, allá casi no necesitaba hablar inglés, todos hablaban español, los carteles decían ‘hablamos en español’, los latinos se están apoderando del país y llevando su propia cultura. Después de que Latinoamérica se gringueó, ahora que muchos latinos entraron al país, EE.UU. se está latinizando. Ahora los yankees tienen que aprender de nuestra cultura y nuestro idioma… eso me gustó mucho”, reflexiona.

- Hablando de llevar lo nuestro para allá, ¿qué hiciste ahí en cuanto a trabajo?
- Trabajé en Atlanta con Distal, un productor de música electrónica que una vez vino a tocar a la Bullybass. Él largó un sello propio y me ofreció que me encargara de la imagen. Estuve viviendo en su casa y haciendo eso. Ahora salió el Sello y sigo laburando desde acá.

Luego de su viaje completo, pudo ver que Buenos Aires es una gran capital del mundo, que está a la altura de las grandes capitales mundiales y que Córdoba, comparada con muchas ciudades de las que conoció, no está nada mal en lo que es cultura: diseño, música, moda, movida, pensamiento social, etc. Así que regresó para a reenamorarse de su querido barrio Firpo y comer ese helado local que le encanta.

Fotografía: Gon Ganon

Yul Des

La moda es parte de mi vida, es una de mis formas de expresarme. También, soy gran admiradora de las artes visuales, la música y la cultura urbana. Así que mis escritos reflejan todo lo que me influencia y tienen olor a vintage.

1 Comment

  • Responder diciembre 22, 2014

    Cristian

    un grosso el Fede! Desde hace años metiendole duro a lo que le gusta!

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