Luciano Duarte: Pensar en grande

Era un Lunes de sol pero con un vientito lindo que despeinaba. La entrevista con Luciano se había programado una y otra vez, a lo largo de algunas semanas. Pero como suelen decir, “todo pasa por algo”. Entonces, nos encontramos en Bv. Chacabuco, a la altura de Plaza España a eso de las seis de la tarde, y camino hacia el Parque Las Tejas, donde era el cierre del mítico Festival de Jazz de la Ciudad, empezó la conversación.

Un ambiente eufórico se gestaba alrededor, una colorida multitud se sentaba ansiosa de cara al escenario, a la espera de la Small Jazz Band. Acomodados en el pasto –él en el sol–, repasamos los felices sucesos de su proyecto, su evolución humana y artística, su comodidad con el nuevo estilo elegido para compartir lo que naturalmente mejor sabe hacer: música.

Luciano Duarte comenzó a gestarse hace poco más de cinco años: primero como solista, luego como cuarteto con batería y guitarra, y desde Septiembre, se presenta como dueto en compañía de Matías Moreno (ambos ex miembros de Capuchas de Hop). Un dueto fuerte, bien plantado, que busca reivindicar los teclados y las secuencias como unos de los mejores recordatorios de la música ochentosa.

Un sonido minimalista y feliz que atraviesa una larga lista de fusiones de géneros que se transparenta en La tenencia, el primer disco en estudio de Luciano, que contó con la producción de Yul Acri y la masterización de –nada más ni nada menos– Daniel Melero.

¿Y cómo un solista de Villa Carlos Paz llegó hasta uno de los íconos del rock argentino? Luciano cuenta, casi como una anécdota: “Pensé en grande. Me pregunté quién me gustaba como músico y productor… y era Melero. Entonces me animé y contacté con su manager, que sin ni siquiera escuchar la maqueta me dijo que no, que Daniel estaba en otra y que era más factible que produjera el disco alguno de sus colaboradores, como Yul, que aceptó gustoso. Era necesario activar, tirar el lance: probablemente si no probaba suerte, no hubiese contado con este gran empuje que me llevó a grabar sin mucho enrosque”.

Y, de hecho, Acri se encargó de hacerle conocer a Melero el trabajo de los cordobeses. Y a Melero le encantó. Fue así como, unos meses después, invitó a Luciano a presentarse junto a él en Buenos Aires, a una semana de presentar el disco oficialmente en Córdoba, y le aseguró que estaba supervisando la masterización.

“Fuimos muy afortunados -reconoce Luciano-. Ambos (Acri/Melero) me ofrecieron un apoyo incondicional y, sobre todo, consciente, a pesar de que yo era un músico desconocido. Apostaron por mi trabajo y colaboraron para que saliera a la luz, al encuentro con la gente, y por eso les estoy inmensamente agradecido.”

La Tenencia

Y es que La Tenencia tiene estilo; un tacto prolijo, armónico y diverso. “La música es intuición pura. Podés escuchar una sola frase de un solo tema y te das cuenta si tiene futuro. También me ha pasado de escuchar bandas desprolijas, o sin un proyecto sólido, y sin embargo se le transparenta el encanto, la intensidad de la propuesta, la actitud.”

Para Luciano no sólo basta con saber componer y ejecutar música a la perfección, sino que detrás de todo tiene que existir una postura de confianza, de insistencia y seriedad. “Hay que tomárselo como un trabajo. Como el abogado que se levanta y va a Tribunales todos los días, el músico tiene que grabar, componer, hacer logística, difundir y mediar con la prensa. Y animarse”, resume decidido.

Mientras temas como Indiferente, Fallé y Casi producen una cierta sensación nostálgica ambigua, hay otros como Cangrejo, Los iguales y Nuestras manos que originan un entusiasmo general, creando atmósferas de energía alegre y desvariada. El estilo de Luciano Duarte recuerda a épocas donde la música es exponente de una comunicación amable, pasiva y abrazadora.

“Intento que mi música sea simple y popular; que llegue a la gente una melodía amena, alegre e inmediata, porque entendí que eso es lo que busca el público contemporáneo, siempre y cuando haya un equilibrio con el arte musical que pretendo, que siempre tiene un aspecto más puro que el valor que se le adjudica comercialmente,” explica con sinceridad.

El público, en especial el cordobés, es un tanto vago, pero eso no quita que la meta principal de Luciano Duarte siempre sea estirar la mano y llegar a más. “Claro que me interesa llegar a la gente… pero de una forma más natural, más real.” Y el proceso de realización de La Tenencia refleja exactamente esa premisa, porque es un disco personal, colmado de valores y expresiones acerca de cómo el artista interpreta y codifica el mundo circundante.

“Al disco lo fui haciendo espontáneamente, intentando liberar hacia afuera todo eso que tenía adentro: letras, melodías, sensaciones. Para mí la música es sanación, es cambio y renovación. Si necesito nutrirme o liberar algo, uso la música hasta vaciarme, para darle espacio al fluir de lo nuevo; liberar y recargarme de la música es mi propio proceso creativo.”

Siguiendo el camino

Él volvía de un viaje a México y ahí fue donde encontró mucha inspiración: en los paisajes, en su gente, en sus propias experiencias y su crecimiento personal allá. “Compuse muchísimo ahí, casi todo.”

Y agrega: “Volver con tanta información y tanta necesidad de evolucionar fue un punto de inflexión en mi carrera y en mi vida; dejé Capuchas de Hop, lleno de miedo e incertidumbres, pero también con la tranquilidad de saber que estaba haciendo lo que necesitaba: siguiendo el cambio.”

Si bien Luciano nunca imaginó hacia dónde se dirigiría a lo largo de ese año, en una cosa estuvo seguro: requería una opinión musical extra, un aliado que lo ayudara a filtrar, traducir y afianzarse. Y ese fiel aliado fue Matías, que se sumó con entusiasmo al proyecto, también con esa extraña necesidad de hacer un cambio. Y la dupla resultó.

Hoy por hoy, Luciano Duarte es una banda consolidada, con un género y un estilo particular que muta constantemente conforme a la evolución musical y personal de quienes la integran. “Si yo evoluciono como humano, pretendo que la música vaya de la mano con esa situación. Es imposible para mí separar la música de mi vida personal y es así como siempre prefiero transmitir todo lo que me pasa, buscando la buena energía, las historias lindas, los finales felices. Y que por lo menos llegue eso: la energía positiva. No pretendo cambiar a nadie con mis canciones. Me alcanza que sirva para que quien me escuche, me alcanza con que se sienta feliz en ese momento. Tiene que llegar así.”

Y toda esta reflexión de las cosas buenas que vienen y van -o que llegan y se quedan- se trasluce perfectamente en la personalidad de Luciano. Un tipo cálido, tranquilo, sonriente y, por demás, lúcido, que sabe cómo trasmitir un clima de confianza y relajación.

Cuando finalizó la animosa charla, el sol ya no iluminaba su lado. Los aplausos y el vitoreo del público jazzero inundaban el parque, mientras una viejita bondadosa nos ofrecía porciones de pasta frola. “Estuvo bueno”, dijo. Y de hecho, sí: fue un momento particular de un día particular para acercarse a la persona detrás del músico; un artista trabajador y entusiasta, que se ha afianzado durante toda su carrera a base de positivismo y ganas de contagiar experiencias hermosas.

Fotografía: Paz De Rossi

Agradecemos a Interplaza Hotel

Comments are closed.