Crema del cielo

Crema del cielo era mi helado preferido cuando me mudé a Córdoba en el 2000. Se me ocurre que discontinuaron el sabor porque no recuerdo haberlo visto en estos últimos años. Mandé un mensaje en el grupo de las “Diotzas” en Whatsapp para preguntar la duda y me cuentan que una de ellas es la única consumidora de crema del cielo y que le cuesta conseguirlo.

Con este look, me vuelvo a los días simples de comer crema del cielo, lamiendo el helado que goteaba en el sol de enero, mientras observaba a los autos dar vueltas en la Mujer Urbana. Esta escena se verá próximamente en una película indie de mi vida. Digo esto nomás porque en la forma que lo veo cuando cierro los ojos es tal cual así.

Suena la campana de la puerta, mientras una nena sale chupando su helado celeste. Toma asiento. La cámara enfoca al helado y a su boca, las gotas cayendo mientras el sol de la siesta pega fuerte y los autos a los bocinazos dando vueltas a la Mujer Urbana una y otra vez. Los chicos en el semáforo, tratando de limpiar los vidrios con agua sucia por alguna moneda. Una señora con un bebé pasando entre los autos con la palma hacia arriba en forma de pedir.

Todo esto me vuelve en forma de ver una película low budget, pero impactante igual por la simple razón que es lo que vemos todos los días, pero como lo vemos todos los días es normal y no nos impacta. No nos impacta porque no lo vemos como una historia al cual nos podemos relacionar, lo vemos como algo diario que nos transformó en un ser frío. Pero en una película es distinto: porque siempre tratamos de relacionarnos con los personajes, porque todos somos humanos y tenemos sentimientos y tratamos de hacer lo que podemos por las personas que nos rodean o a veces somos egoístas y lo hacemos por sólo nosotros y eso resigna adentro nuestro siempre si mantenemos la conciencia de ella.

Es raro como hacemos conexiones con colores u objetos que nos trae a memorias olvidadas, esas memorias que están guardadas en una caja que la llave viene de algún pensamiento nuevo y ahí es cuando hacemos click y fluye todo de vuelta.

De pie a cabeza estoy vestida monocromáticamente en crema del cielo. Tengo lo que me parece ser un pijama de Tailandia que compré en una casa de donaciones, una campera de Old Navy que su textura me hace acordar al algodón de azúcar que compraba en la feria hippie en La Cañada, unas zapatillas slip-on que tienen mas un color pastel de menta, pero toman el color del azul cuando está todo combinado.

A combinación de mi pelo que en un momento era gris, pero ahora va de gris a blanco o rubio dependiendo la luz que le da, estoy hecha una granny cualquiera. Parece que salí a buscar el diario con mi bata y pantuflas y, después de leerlo mientras tomo mi café, me cambiaré para empezar el día. Esto no es el caso igual. Así salí a pasear por la calle Valencia, a comer sushi, a tomar un helado y a verlo tocar a mi hermano.

Este invierno entró el pastel y la verdad que no sé por qué no llegó antes. Para alegrarte el día más frío, ponete el tapado más rosa bebé que tengas y vas a ver como te da más calor. Basta de estos inviernos con un ejército de tapados negros. ¿Como vas a encontrar a tus amigas en la cola de un boliche así? ¿Vas a tomar tu tesis? Por qué no te pones una camisa color lila combinado con un suit azul oscuro para darte más confianza. No hace falta que estés all out como yo, pero unos toques pueden llevar a tu look al próximo nivel.

Y quién sabe… Por ahí estos colores abran tu caja de memorias y te traigan a escena a la película de tu propia vida. Y por ahí te pone en tu lugar y te fijas más en todo lo que pasa a tu alrededor y tener este toque de color te dejaras no ser frío un segundo y alegrarle el día a un desconocido.

Fotografía: Cassandra Niki

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