Mattu Rock, el espadachín “Nacional”

Matías Valdesolo –mejor conocido como Mattu Rock, pseudónimo musical que nació hace quince años tras un “pacto de amistad” que perduró en el tiempo– es músico, diseñador web y marketinero digital. Hace poco más de un mes, en medio de la vorágine de la fecha patria del 25 de Mayo, sacó a la luz su primer disco solista grabado en estudio: “Nacional”.

Luego de su pasado en Bajale al Magenta, Mattu decidió cobrar identidad propia, se compró un ukelele y aprendió a tocarlo. Comenzó a gestarse entonces, allá por febrero de 2014, la grabación de un disco sencillo y personal identificado por el single más característico del músico, Doctor Chamán. Para fines de ese año, la composición se extendió a cinco temas más, que hoy por hoy pueden disfrutarse vía online por Spotify, Youtube y Bandcamp y adquirirse a través de las plataformas de iTunes y Amazon.

En general, el disco parece ser una oda a cierto “patriotismo” musical que combina no sólo folklore regional, sino también algunos beats y sintetizadores muy característicos de los años ´80. Preguntado acerca del embrión de “Nacional” comenta que, de alguna manera, el resultado yacía en las entrañas de su percepción del mundo: “Creo que en la búsqueda de la identidad de la canción y una concepción y/o pensamiento de querer sonidos acústicos y bases electro -con guitarra, ukelele, cicus, una cumbia, o lo que sea– llegué a algo místico que nació producto del inconsciente.” Es que Mattu no buscaba hacer un disco que identificara a una cultura latinoamericana general –ni argentina en particular– sino un proyecto que gritara su nombre por donde se lo oyera.

Desde el primer tema, se transparenta el espíritu despreocupado y honesto de Mattu. “Cartagena” es una balada sonriente y pegadiza que recuerda a algún verano de olas saladas de mar. Además, cuenta con el tinte vocal y el aporte creativo de David Tejeda, Deivbeat, uno de los freestylers más elocuentes y bien plantados de Córdoba. “Cartagena” resulta en un aura fresca y dinámica, con un estribillo que se pega al techo del paladar. Un primer pantallazo al estilo de un artista convencido de lo que produce.

“Princesa Judía” es el segundo tema y fue la escucha de su primera mezcla, según Mattu, la que conllevó a nombrar el disco. “Escuchándola dijimos con Santi (Sierra, productor artístico) ‘ésta es una canción cualquiera de rock nacional’. Y ahí salió solo: Mattu Rock, Nacional… y listo, quedó Mattu Rock–Nacional. Después vinieron los conceptos, la foto de tapa al estilo San Martín kitsch, la locación de las fotos que hicimos, el caballito de madera, el mate, los accesorios del traje”.

“Nacional” se gestó a partir de una sensación, una oída, y terminó por acarrear a un sinfín de colaboradores, amigos y entusiastas que aportaron su granito de creatividad al proyecto. Los primeros segundos de “Princesa Judía” suenan a folklore norteño para luego transformarse en una poderosa electro-cumbia moderna, que de alguna manera recuerda a las bandas sonoras de las últimas películas de Raúl Perrone.

“Sonido Estéreo” –junto al tierno Dari Piumatti– es el tercer corte y, vale la pena aclarar, es una balada suave que resulta de una fusión de estilos, géneros y matices entre los instrumentos. “Sonido Estéreo” es una canción de amor acompañada por una melodía sutil con una tendencia más popera, sobre todo por el uso específico que se le da a los sintetizadores en el tema. Las voces de Mattu y Dari se entremezclan originando estribillos que abrazan virtualmente en temporada de heladas. No en vano es la canción con mayor duración en el disco, y es porque tiene mucho, muchísimo para decir.

“Hey, Oh” es una interpretación libre de Mattu Rock del mítico “Hey, oh, nobody at home” del compositor inglés Thomas Ravenscroft. Él se inspira en los cánones del siglo XVI -el contrapunto entre dos o más voces separadas por un intervalo de tiempo determinado– para adoptar una melodía calma y profunda. La pasividad de la guitarra acompañada por la voz en su versión más suave y delicada conforman la esencia de la cuarta canción del disco. Una canoa que naufraga entre coros de antaño.

Por otro lado, “Vera Mera” es atahualpera de corazón; Mattu retoma las riendas folklóricas argentinas junto a un acompañamiento de sintetizador y beats contemporáneos que ilustran una cultura musical que se resquebraja, se arquea y se adapta a la evolución de cualquier acorde. Inmiscuida en medio de la canción suena una entrevista al propio Yupanqui -del programa “A fondo”, de Soller Serrano- que culmina adornada con hierbas y emociones de llanura. Un homenaje a las raíces del todo patrio, del elixir de lo tradicional convertido en bello.

El clásico del disco -el sexto y último tema de “Nacional”- es el popular “Dr. Chamán”, que en varios aspectos siempre pudo describir a la perfección a Mattu, tanto como compositor como ejecutor de instrumentos. Retomando las variantes de la cumbia-electrónica y coros desfasados, Mattu Rock pone en ritmo una anécdota de una despedida de soltero, donde sólo los partícipes directos de la misma pueden comprender a la canción como una totalidad. “Para todos los demás, un tema pegadizo”, dice Mattu, que elegantemente oculta las raíces que lo originaron. Y continúa, frente a la insistencia: “Lo que puedo contar es que Moe (el de la hipotermia) y el Dr. Chamán, existen y son cordobeses”.

La autogestión le permitió acercarse a otros artistas que, como Deivbeat y Dari, enaltecieron la mezcla final de cada tema. Es así que también contó con la participación del ukelele de Lucia Massaria Garciay, los coros de Victoria García Castellanos en “Vera Mera”, y los aportes de Fede Flores en los sintetizadores de “Dr. Chamán”. En un campo ajeno a lo estrictamente musical, la estética de “Nacional” fue forjada por las ideas de Teodoro Ciampagna y Federico Tonel Tozzi (arte/foto de tapa) y el estilismo estuvo a cargo de Yul Des acompañada por Belén Tonel Tozzi en maquillaje. El lettering especial del disco es obra de Marcelo Pellizo, Peyi.

El resultado final, combinado con el sodeado, las empanadas y el locro del 25, no carece de personalidad ni recae en lugares comunes de la música local. Es un disco redondito –a pesar de sus dispares estilos-, bien sellado y consciente que busca transmitir más de lo que aparenta. Mattu finaliza: “Grabar es la única forma de registrar tu expresión musical. Hoy en día es mucho más fácil editar un disco, entonces, hay que grabar y meterle todas las energías. Siempre consultando, pidiendo ayuda, escuchando la apreciación de una mirada ajena (…) Si haces todo solo, te queda mal… Así nomás, sentencio, a no ser que seas Trent Reznor”, bromea con confianza.

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